La historia de esfuerzo y superación de un Guerrerense

Joel de Jesús García llegó a Acapulco cuando terminó el bachillerato, casi no hablaba español, sólo lo mínimo necesario para darse a entender; él hablaba amuzgo, su lengua de origen empleada en la Costa Chica, se fue a la gran ciudad porque quería superarse, llegar a ser un licenciado en Filosofía y Letras y después dedicarse a dar clases, quería crecer y ser alguien.

Llegó a trabajar al restaurante japonés Suntory, él es originario de Xochistlahuaca, uno de los municipios más pobres del estado y aunque quería estudiar, la necesidad de trabajar fue lo que lo llevó a Acapulco, “en el pueblo la única actividad es dedicarse al campo o hacer artesanías”.

El municipio de Xochistlahuaca se ubica en la región de la Costa Chica de Guerrero, es considerado como el cuarto municipio más pobre de Guerrero, a nivel nacional ocupa el lugar decimosexto en pobreza, ahí se habla Amuzgo o Nahuatl.

Entró a trabajar al restaurante japonés como mozo en octubre de 1987, en ese tiempo el restaurante era controlado totalmente por japoneses, “inicié como mozo general, tenía que hacer de todo, después subí a mozo de cocina, ayudante de cocina, ayudante de cocinero, cocinero C, cocinero B , cocinero A y después cocinero de Tepanyaqui, que es cuando cocinas frente al cliente”.

Posteriormente ascendió a subchef y luego a chef departamental, “me enviaron a los dos restaurantes de la Ciudad de México, en la Colonia del Valle y Lomas de Chapultepec, ahí crecí más, aprendí muchas cosas y luego me enviaron a Nueva York, a su restaurante en esa gran ciudad.

“Los japoneses son muy observadores, me veían trabajar, vieron que tenía ganas de crecer y me ayudaron, ellos valoran a su personal”.

Después de muchos años de trabajo, relató, “me hicieron un buen ofrecimiento para irme a trabajar a la cadena de Hoteles Camino Real y me fui a su hotel Sumiya de Cuernavaca, donde instalé un restaurante de comida japonesa, el tipo de hotel se prestaba a un restaurante de comida japonesa, me fue muy bien y de ahí me mandaron a la Ciudad de México”.

Señaló que los japoneses le enseñaron que todo es labor de equipo, “la gente te ayuda y tú tienes que ayudarlos, es trabajo de equipo. Al entrar a una compañía me pongo la camiseta, no lo dudó ni un momento, eso lo hago en la empresa en la que esté.

Al principio tuvo que comenzar a manejar el español, aprender lo básico del japonés, para poder comunicarse bien con los chefs, después tuvo que lidiar con el italiano, el inglés y finalmente con el francés, el cual le costó mucho trabajo.

Ahora puso su propio restaurante de comida japonesa en Acapulco. Le costó mucho superar la pobreza y las limitaciones del idioma, pero a pesar de eso logró salir adelante y se siente satisfecho.

Sus dos hijos decidieron también estudiar para ser chefs, su hija Zita Itzel ya terminó la carrera y le ayuda en el restaurante.

El chef ayuda a grupos sociales en Guerrero, el Día de Reyes regala juguetes, el Día del Niño también lo hace, sueña en establecer una fundación para seguir ayudando de manera organizada a la gente.

De su pueblo no se ha olvidado, al Colegio de Bachilleres les ha llevado conferencistas para ayudar a los jóvenes a evitar las drogas y el alcohol.

 

 

 

 

 


Fuente: Excelsior.

 

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