Deportados de EU buscan empleo en Guerrero

Migrantes repatriados de Estados Unidos a principios del año coincidieron en que luego de ser deportados, hallan pocas oportunidades para seguir adelante en su país, en su entidad y en su localidad de nacimiento.

Entrevistados antes del arranque de la Feria Nacional del Empleo que se realizó en Acapulco, los guerrerenses fueron dos de los siete que recibieron un apoyo de mil 200 pesos cada uno, del programa de búsqueda de empleo que otorga la Secretaría del Trabajo y Previsión Social de Guerrero (STPS).

En entrevistas por separado, ambos guerrerenses superaron los 10 años de radicación en el extranjero, tienen más de 40 años y aunque no volverían, dada la política racista del presidente de ese país, Donald Trump, perciben una entidad con pocas opciones para tener lo que llegaron a tener en Estados Unidos.

Originario de Tierra Colorada, Antonio Miranda Medina fue deportado el 27 de enero pasado, después de haber trabajado en Estados Unidos 25 años de su vida.

Vivió primero en Santa Bárbara, en el estado de California y después en Ventura, en ese mismo estado.

Divorciado desde hace 5 años de su ex pareja y madre de sus dos hijos, Antonio Miranda ahora también tiene la custodia de uno de ellos: un adolescente de 14 años que cursa actualmente el segundo grado de secundaria, pero quien carece de documentos mexicanos, pues nació en Estados Unidos. Su ex esposa, de quien no proporcionó el nombre, y su hija de 9 años, también volvieron de Estados Unidos, aunque no precisó cuándo.

Contó que el Departamento de Migración estadunidense lo esperó afuera de su casa durante dos horas para detenerlo, por una acusación de conducir con aliento alcohólico, y por carecer de documentos de identidad en ese país.

“Eran cuatro años de probación condicional, así se le llama cuando uno comete algún delito. Cuando me preguntaron si yo tenía probación les dije que sí, pero que estaba pagando la escuela, el ticket y sólo me faltaban dos clases. En abril iba a terminar y me iban a dar mi licencia de manejo, pero fueron a buscarme mi casa. Adentro de la camioneta (de migración estadunidense) había otra persona que ya había terminado de pagar todos sus cursos pero también se lo llevaron deportado”, dijo.

Mencionó que después de 25 años de estancia en Estados Unidos había atestiguado que un político cumplía lo que prometía en sus actos de campaña, aunque especialmente contra los mexicanos.

“Estuve trabajando como todos, de todo: estuve 10 años en una fábrica de zapatos haciendo sandalias, pero allí revisaron papeles y me despidieron, después me dediqué a las cocinas en los restaurantes y fue después que me dediqué a pintar casas y edificios por dentro y por fuera; primero como empleado, tenía 6 meses con mi negocio pero fue que me deportaron”, narró.

Reconoció que su bienvenida al núcleo familiar no fue bueno después de su deportación, pues no recibió apoyo de sus familiares más cercanos, por lo que tuvo que salir a rentar para vivir con su hijo en otro lado, pagando así sus gastos con los dólares que sus primos, quienes aún radiquen en Estados Unidos le mandaron.

“Tengo primos todavía en Estados Unidos, ellos la mayoría me mandaron 100 dólares y con eso es con lo que estaba solventando mis gastos, pero como tengo 43 años, cuando pido trabajo sólo me dicen que me llamarán pero no lo hacen”, lamentó.

Antonio Miranda fue uno de los elegidos para desarrollar proyectos productivos por el gobierno estatal; no obstante comentó que ha gastado hasta el último centavo viajando de Chilpancingo a Tierra Colorada, o de Tierra Colorada a Acapulco, para hacer trámites.

Comentó que le gustaría dedicarse lo mismo que hacía en Estados Unidos y seguir pintando casas porque “lo hacía con gusto”; sin embargo observó que en Guerrero, la mayoría de la gente sólo pinta las fachadas.

Al final, añadió que lo diferente que observado en su natal Tierra Colorada es que antes podía salir a la calle a cualquier hora sin que pasara algo, pero ahora no pueden salir por la inseguridad.

Pedro Sotelo Andrade es originario de Coyuca de Benítez y avecindado desde que lo exportaron en la colonia Guadalupe Victoria de Acapulco.

Pedro vivió un proceso legal de 90 vías en las oficinas de migración de Estados Unidos. Llegó a México el 19 de enero y ya tiene un trabajo en un hotel.

Estuvo siete años en Carolina del Norte y después en Illinois, en un suburbio Prospect Heights.

Él se enfrentó a la falta de documentos en Estados Unidos y tuvo que trabajar de cocinero en restaurantes y después podando árboles. Tiene dos hermanos en Carolina del Norte una de ellas, es residente estadunidense y el otro aún carece de documentos.

Con 40 años de edad, Pedro dijo que no tiene hijos ni una esposa y hace 13 años pagó 2 mil dólares para cruzar la frontera.

Los policías lo detuvieron porque supuestamente había rebasado el límite de velocidad cuando volvía a su casa después de un convivio. Sin embargo señaló que en Illinois, algunos policías sólo detectan a los latinos y bajo cualquier pretexto los detienen.

Aunque reconoció que no tendrá una vida como la que tuvo durante su estadía en Estados Unidos, aseguro que no volvería a ese país porque sus autoridades manifiestan más odio hacia la comunidad latina y particularmente contra los mexicanos.

“Supuestamente no nos quieren allá porque les quitamos el trabajo los güeros, pero ellos no hacen el trabajo que nosotros hacemos, no se suben a los árboles a cortar ramas, no se están quemando las manos en un restaurant, en cambio uno sí lo hace. Ellos no trabajan más de 8 horas, en cambio uno hace esos trabajos por ellos, pero aunque me lo pidieran yo no regreso, porque después de que nos detienen una vez, ya nos encierran por años; y de estar encerrado allá a estar aquí, prefiero quedarme aquí para trabajar”, concluyó.

 

 

 

 

 


Fuente: El Sur.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *