Suspenden la pelea de Xochimilcas en Zitlala ante violencia de peleadores de Tlaltempanapa

La ancestral pelea de los Xochimilcas, que se lleva a cabo cada martes de carnaval en la víspera del Miércoles de Ceniza, fue suspendida de manera inédita ante los recientes hechos de violencia y la agresividad de un grupo de peleadores.

Ayer, los peleadores de los barrios La Cabecera y San Mateo, contra San Francisco y la comunidad de Tlaltempanapa, donde se han suscitado desapariciones, asesinatos y se han creado grupos de autodefensa, acordaron suspender las peleas una hora después de haberlas iniciado.

El ritual, que tradicionalmente inicia un día antes con bailes acompañados de música de viento de los peleadores, se vió desolado ante los hechos de violencia en ese municipio, entre ellos el asesinato a tiros del ex regidor y director de Personal del Ayuntamiento de Zitlala, Antonio Godinillo Yectli; una ovilización de 80 civiles armados del grupo Paz y Justicia para rescatar a dos detenidos por el Ejército de la comunidad de Tlaltempanapa, y la ejecución de dos jovenes en la comunidad de Topiltepec, en el mismo municipio.

En un ambiente tenso, los dos grupos de peleadores se presentaron alrededor de las 3 de la tarde en la plaza central; pero la agresividad del bando de Tlaltempanapa y San Francisco, algunos de cuyos peleadores llegaron sin la indumentaria propia del ritual, golpeando a los contrarios de manera extremadamente violenta y en grupo, contrario a la tradición que dicta luchas uno contra uno, orilló al otro grupo a abandonar la plaza, lo que rompió el ritual.

A las 4 y media de la tarde, sólo un grupo de peleadores continuaba bailando en la plaza, cuando en ediciones anteriores, a puño limpio, sangre y mezcal, los hombres rememoraban un antiguo rito vestidos con faldas de acateca, un rebozo en la cintuta, un huipil y un pañuelo en la cara para ocultar su identidad, como estrategia contra sus enemigos.

Según los cronistas del pueblo, en el tiempo de Moctezuma Ilhuicamina, el pueblo de Zitlala era objeto de despojos de las mejores cosechas y sus mujeres eran abusadas, hasta que el pueblo se hartó y los hombres planearon vestirse de mujeres, taparse el rostro y enfrentar el abuso al sonido de un tambor.

Visitantes de otras ciudades del estado, de otras entidades y países que acostumbrar venir a presenciar el ritual, prefirieron no viajar a este poblado enclavado en la entrada a la Montaña de Guerrero, y uno de los más violentos, según cifras del gobierno estatal.

La mayoría de los mismos pobladores se resguardaron ante el riesgo de que se suscitaran hechos de violencia, aparte de los cruentos enfrentamientos a puñetazos en la plaza.

De manera inédita, el alcalde municipal, el priista Roberto Zapoteco Castro ordenó a su comitiva e invitados ni siquiera subir al palco del Ayuntamiento para ver los combates.

Los funcionarios y empleados se atrincheraron en las instalaciones del DIF municipal y en el palco exclusivo sólo se observó a tres soldados del Ejército. La festividad concluyó a las 4 y media de la tarde, ante la mirada de soldados del Ejército y policías del estado que nunca intervinieron.

 

 

 

 

 


Fuente: El Sur.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *